Bordan historias de desaparecidos para no olvidarlos

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    Bordan historias de desaparecidos para no olvidarlos
    Fuentes Rojas
    Tania Andrade, del colectivo Fuentes Rojas, en una de las exposiciones que realizan en plazas públicas para dar a conocer la iniciativa Bordando por la paz y la memoria.

    Puntada a puntada han convertido a la aguja y al hilo en la voz que no se calla; en el grito que no deja olvidar a las víctimas de la violencia. 

    Tania Andrade enseña a los integrantes del colectivo "Fuentes rojas" a bordar en la tela, en los pañuelos que en su letras cuentan tragedias: relatos de asesinatos, secuestros, desapariciones y feminicidios, todos ellos ocurridos en este país. 

    "Cada pañuelo cuenta la historia de la persona en la situación en la que es hallada, la fecha y el lugar o en la situación en la que ha sido sustraída, desaparecida y se pone su nombre", detalla Andrade. 

    La iniciativa Bordando por la paz nació en la capital mexicana en el 2011; desde entonces ha ido por todo el país reuniendo los dolorosos momentos que viven cientos de familias al perder a un ser querido de forma violenta. 

    Miriam Espinoza fue la encargada de recordar a los tres estudiantes de cine asesinados en Jalisco al ser confundidos con miembros de un cartel enemigo, y usó solo hilo rojo para resaltar la saña con que cortaron su joven vida. 

    "Bueno, el caso de los rojos es por las víctimas de asesinato y los verdes es la desaparición forzada", dice Espinoza. 

    A los dos colores más representivos, los bordadores agregan otros tonos y figuras especiales para cada victíma, flores para un mujer desconocida, estrellas para los 43 normalistas desaparecidos y solo las letras para el pequeño de 9 años al que mató una bala perdida. 

    Bordando con paciencia y dedicación,  este grupo de voluntarios ha logrado plasmar cientos de historias y, con el fin de crear una memoria colectiva, se reúnen en plazas públicas y exponen los casos para que no sean olvidados. 

    Los lienzos son colgados siempre con un espacio entre cada uno de ellos, simbolo que materializa la asusencia de quienes han sido asesinados o están entre los desaparecidos. 

    "Es cosa de honrarlos y también es una forma de hacer frente a la política de silencio y de olvido que hay en nuestro país", dice Andrade. 

    Y ahí, a la vista y juicio de quienes se detienen a leer, todas las letras se juntan para para pedir seguridad y justicia.