VIOLENCIA

México: casi mil policías asesinados en dos años

Ser policía en México es uno de los trabajos más peligrosos y peor pagados.

Telemundo

Además del peligro de muerte, se suman también los malos salarios, la falta de armas y el acoso de los grupos criminales que buscan aliados.

CIUDAD DE MÉXICO - La imagen del excomandante Javier Raudales abrazado por la Virgen de Guadalupe es el único consuelo que le queda a su esposa y a sus cinco hijos.

Hace casi un año, indica Margarita de la Torre, la viuda de Raudales, el policía estatal fue secuestrado por un grupo armado y días después abandonaron su cadáver en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

"¡Y cómo lo encontraron! Fue horrible, yo no puedo creer que sean tan animales, haberlo dejado así, porque él no les hizo nada", asegura De la Torre.

Hasta hoy nadie ha ido a la cárcel por este crimen, al igual que ha ocurrido con decenas de casos, en los que las víctimas eran los encargados de combatir a los delincuentes.

"El matar a un policía es muy fácil y no lleva consecuencias", afirma David Blanc, investigador de la organización social Causa en Común.

Esta asociación logró determinar que en poco más de dos años han matado a por lo menos 965 policías, convirtiendo a México en uno de los países más peligros para ejercer este trabajo.

Violencia en Guanajato.

"El estado en donde más han asesinado es Guanajuato, la cifra es preocupante. Son al menos 147 con el corte de ayer, pero el que le sigue es casi la mitad", dice Blanc.

El Estado de México, Guerrero y Chihuahua también representan un foco rojo para los uniformados.

Según la investigación, en este país asesinan por lo menos a un policía cada día y la mayoría de estos expedientes se van al archivo muerto sin que haya responsables.

La industria de prendas blindadas ha avanzado mucho ante el aumento de la violencia.

"Nos estamos arriesgando cinco veces más que cualquier ciudadano", subraya Miguel Ángel Arteaga, policía en una de las corporaciones estatales.

Arteaga encabeza un movimiento que pide seguridad para este sector, porque asegura que están cansados de que el estado los deje morir.

"Lo más duro que he enfrentado es ver caer a nuestros compañeros, amigos, hermanos de sangre, que sus familias queden desamparadas", dice Arteaga.

Porque además del peligro de muerte, dice, se suman también los malos salarios, la falta de armas y el acoso de los grupos criminales que buscan aliados.

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